martes, 7 de diciembre de 2010

Columna de Opinión: Héctor Soto

Héctor Soto
Crítico de cine y columnista del diario La Tercera escribe sobre el cine de Alejandro Jodorowsky en exclusiva para Cineteca Chilena.



El paradójico culto a Jodorowsky

No caben dudas de que Alejandro Jodorowsky es un cineasta de culto. Por lo mismo, se entiende la atracción que provoca en sus fieles grupos de incondicionales.
Recuerdo haber visto en la década de los 70 en el Cine Arte de Viña del Mar dos de sus películas perdido en medio de sus devotos. Allí comprendí que su cine es de vocación minoritaria, no busca el gran espectáculo ni movilizar a las multitudes.
Sus obras generan los vínculos propios del surgimiento de las pasiones de los grupos minoritarios. El cine de Jodorowsky se asemeja al sentimiento de un fanático del jazz o de la ópera que no se siente parte de la masa generalizada.
Las temáticas que desarrolla este multifacético artista, se enmarca
n en un cine fuerte y violento. Metafóricamente, exporta un aliento muy poderoso. Trata sobre las verdades de la vida y de la muerte, de la divinidad y de los sentimientos. Es un cine que prescinde de la realidad calzando con las expresiones más enraizadas de la cultura popular y de los jóvenes.
Al ver su cine, se aprecia a un director de un enorme dominio de la carga simbólica. Aparece su trabajo desarrollado en la frontera entre el mundo real y el mundo onírico. Se
asoma su coherencia con la literatura y los rumbos esotéricos propios del autor. Se observa un cine inscrito en una tradición de los grandes cineastas del cine fantástico: conecta con Buñuel, Dalí, el surrealismo y con toda esa tradición que nace con George Méliès.
Considerando que la categoría de cine arte es casi siempre relativa y antojadiza, Alejandro Jodorowsky se acomoda perfecto a este término que expresa la contraposición con el cine comercial. No obstante a pesar de su poderosa influencia, Alejandro Jodorowsky no es visto por los cineastas chilenos como un colega.
Como vemos, nadie dijo que la vida debía ser justa con los ídolos.

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